Skip to main content
tabaco

El tabaco en la identidad del cubano

Para el cubano el tabaco es sumamente importante y, por eso, sin dudas forma parte de su identidad y cultura, lo que se descubre a través de acontecimientos esenciales de su historia y que parten del mismo momento en que los españoles entraron en contacto con la hoja.

Se trata de un verdadero protagonista en las tradiciones, las leyendas, mitos y hasta religiones de los cubanos, a la vez que un producto tan emblemático como la caña de azúcar, y a cuya cuenta también se levantó el país y se forjó la Nación.

La identidad cultural cubana tiene al habano en su primer plano por muchos motivos y aristas, tanto en el lenguaje como en la historia nacional, las artes plásticas, la arquitectura e incluso en el paisaje.

Un buen ejemplo de ello está en la propia palabra habano, que el Diccionario de la Real Academia Española define como «perteneciente o relativo a La Habana, por extensión a la isla de Cuba y particularmente al tabaco habano».

Así es que hasta en la geografía cubana tiene implicaciones identificadoras el habano, y es un gran tema también en la tradición litográfica, en cuyos avances y prosperidad pesaron mucho las exigencias de imagen de los distintos productores y propietarios.

Igual ocurrió con la arquitectura, si recordamos que el tabaco impuso para las fábricas un criterio constructivo de grandes escalas para acomodar en un mismo inmueble todos los pasos de su proceso productivo.

Poetas, pintores, escultores, fotógrafos y hasta políticos han encontrado en el tabaco de su tierra una fuerza especial y de él se han hecho acompañar, como de un amuleto.

La imagen de esa leyenda revolucionaria mundialmente conocida como el Che, es en la memoria de cualquier cubano la del legendario guerrillero con un tabaco en los labios…

O la del ídolo sonero Compay Segundo, que parece imposible de hallar en cualquier archivo sin un habano en ristre; pues, además de cubano de pura cepa, en su tiempo fue tabaquero de oficio.

A propósito del tabaco, el escritor, etnólogo y presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, Miguel Barnet, refirió en alguna entrevista: (RR) «fumar tabaco es de hombres serenos… el tabaco es como la novela a la literatura; y el cigarrillo es como el cuento».

El 27 de octubre de 1492, la expedición española había llegado a tierras de la isla antillana; y entre eventualidades curiosas de los primeros momentos, los emisarios de Colón detectaron que unos indios se llevaban a la boca una especie de tubos de hojas.

Empleaban en su incipiente hábito de fumar un instrumento en forma de Y que para algunos era cojiba, cohoba o cohiba, de donde viene el nombre de la marca de habanos más emblemática de Cuba.

Desde entonces, entre ojerizas y enfrentamientos, el tabaco se abrió paso poco a poco y se hizo un producto comercial y fuente de riqueza, con tan extravagantes devotos como Francis Drake y el corsario John Hawkins, que allá por el siglo XVI, gustaban «aderezar» sus excesos, con un tabaco en la boca.

Por supuesto que nada es más patriótico e identitario en la historia de Cuba, asociado al tabaco, ni de más peso en su cronología de lucha por la independencia, que el período de preparación de la Guerra de 1895 por parte del Héroe Nacional, José Martí, con los tabaqueros de Tampa, Cayo Hueso y Nueva York, en Estados Unidos.

Y fundamentalmente el hecho de que el revolucionario cubano mandara con un tabaquero, y justamente dentro de un puro, la orden del alzamiento inicial del 24 de Febrero de 1895, el gesto más elocuente e inequívoco de lo que puede significar el tabaco para los cubanos.

Y es que el propio Martí resumiría así lo que representa el tabaco en la identidad nacional: Hoja india, consuelo de meditabundos, deleite de los soñadores arquitectos del aire, seno fragante del ópalo alado.

Más que una simple hoja exportable o las volutas de humo que dibujan el placer de quien las libera, el tabaco constituye un elemento imprescindible dentro de la identidad y cultura nacionales.