"Marieta" y El Guayabero, el rey del doble sentido en Cuba
El cubano, sí, es hospitalario, bullanguero, jaranero y también (reconozcámoslo) un poquito desarreglado a la hora de hablar. Claro que ese desarreglo más que vulgaridad o grosería, constituye aderezo picante en el habla popular.Y ello se debe en primer lugar, al hecho de que nos encanta hablar siempre en doble sentido, haciendo alusiones un tanto “insanas” a la sexualidad o la arrebatadora belleza de lo corporal.
Esa picardía forma parte indisoluble de nuestra cultura, y por supuesto se presenta con igual fuerza en aquellas manifestaciones del arte que distinguen a los nacidos en este increíble territorio insular.
Pero entre todos los artistas cubanos, si alguno se supo apropiar del gracejo popular y la jarana, fue El Guayabero. A Faustino Oramas, ni en sus últimos minutos de vida, se le agotó la gracia y comicidad que le impuso a sus temas musicales, tarareados de generación en generación.
Este simpático personaje soltaba sus picantes estribillos y omitía o alteraba las palabras obscenas que, no obstante, los espectadores lograban articular en sus cabezas a partir de la rima establecida.
Haciendo un gesto de falsa candidez que provocaba una risa espontánea, el guayabero siempre decía que él era inocente, pues eran sus espectadores los malpensados, que siempre interpretaban de manera errónea lo que él estaba cantando o quería transmitir con sus canciones.
El Guayabero era considerado nuestro Juglar Mayor, ya que se trataba del máximo representante en toda la isla de una tradición musical con letras chistosas. De alguna manera consiguió hacer verdaderas comedias con guarachas y sones, que han perdurado desde los años 40 del siglo XX y hasta la actualidad.
Este negrito espigado, con su inseparable sombrero de pajilla y su traje de dril blanco, sacaba del tres contagiosos acordes que fueron configurando el indiscutible sello musical que lo convirtió en el Rey del doble sentido.
Esas tonadas alegres y contagiosas, lo llevarían por Estados Unidos, Holanda, Francia, España, México, Colombia y muchos otros países del orbe, donde cautivó a un público diverso con su simpatía simpar.
Compartió escenario con grandes figuras como Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Pancho Amat, Eliades Ochoa y otros referentes de la música internacional. Su hogar fue punto de encuentro de muchos artistas y visitantes foráneos, quienes gustaban de compartir con Oramas en improvisados conciertos hasta la salida del sol.
El origen de su apelativo se atribuye a cierto episodio en que a Faustino debió salir corriendo en el poblado holguinero de Guayabero, pues un marido celoso lo quería matar a causa de los coqueteos con su mujer. De ahí salió un popular estribillo que decía: ♪ En Guayabero, me quieren matar♫ , que a la larga terminó rebautizando al propio trovador.
El guayabero logró transitar de un milenio a otro provocando carcajadas a su paso, singularizó la estampa del trovador ataviado con vistoso traje y la inseparable guitarra bajo el brazo. Obviamente un caballero tan bien portado no podía ser grosero, la culpa era de aquellos malintencionados espectadores que siempre pensaban con doble sentido.
Para quien lo dude aquí les proponemos una de sus más populares guarachas: "A mi me guste que baile Marieta"