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Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís: el templo cubano de la música culta.

La Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, devenida Museo de Arte Sacro y magnífica sala de conciertos, calificada como la obra cumbre de la restauración en la isla, está ubicada en la muy conocida y extensa plaza homónima que se despliega a su lado, muy cerca de la bahía, en la Habana Vieja, centro histórico de la capital de Cuba.

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La sala tiene veintitrés años de fundada, pero el edificio que la alberga cuenta con varios siglos existencia, fue construido entre 1719 y 1738, según se expresa en el artículo Iglesia y Plaza de San Francisco, publicado en el sitio cubaenlamemoria.wordpress.com, donde además se asegura que la toma de La Habana por los ingleses cambió el destino del Convento de San Francisco de Asís para siempre arrebatándole el privilegio de fungir como Catedral de la ciudad, honor que le fue concedido tras el derrumbe de la que existía en el lugar que hoy ocupa el museo Palacio de los Capitanes Generales, y lo condenó a ser declarado profano por el Obispo de la ciudad, quien sentenció que nunca podría volver a funcionar como iglesia católica, debido a que fue convertido en templo masónico por los ocupantes, quienes para rematar, apresaron a dicho prelado.

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Tuvo varios usos entre los siglos XIX y XX: aduana del puerto, Dirección General de Correos y Telégrafos, Dirección General de Comunicaciones y sufrió varias transformaciones, incluidas las provocadas por el embate del ciclón de 1846, debido al cual hubo que demoler el crucero, el ábside y la cúpula de la iglesia por mal estado en que estos quedaron.

Su torre de 42 metros de altura, levantada en el último tercio del siglo XVIII, fue por muchos años el punto más alto de la ciudad y la segunda de Cuba, solamente superada por la Iznaga en el valle de los ingenios de Trinidad. Cuenta con un hermoso patio interior colonial con su tradicional fuente central, galerías en forma de cruz, amplios claustros y área verde. En su construcción se utilizó la piedra jaimanita, típica del litoral.

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Mas lo cierto es que la cultura cubana fue la gran beneficiaria de la existencia e historia de esta edificación, pues luego de una intensa obra de restauración desarrollada entre 1992 y 1995 por la Oficina del Historiador de La Habana, pudieron recuperarse elementos originales del edificio y fue inaugurado en este el Museo de Arte Sacro.

Objetos de orfebrería, piezas arqueológicas, pinturas de distintas escuelas iberoamericanas, algunas de las cuales pertenecen al Museo Nacional de Bellas artes, entre otros objetos, integran su colección; mientras los salones y galerías del añejo convento acogen muestras transitorias de artistas contemporáneos de Cuba y el extranjero y son también escenario de eventos nacionales e internacionales, conferencias, presentaciones de libros y otras actividades.

Camerata Romeu

Con su magnífica acústica, La Basílica ha sido escenario de impecables interpretaciones ejecutadas por lo más representativo de la música de concierto, de cámara y coral. El Festival de Música Antigua de La Habana y la Camerata Romeu radican en este recinto, que ha sido sede también de eventos como el encuentro de Jóvenes Pianistas que reúne a un selecto grupo de talentosos intérpretes principiantes de varios países del mundo, quienes deleitan al público, por lo general especializado, con sus impecables ejecuciones. Ciertamente se ha ganado la “distinción de excelso lugar para las artes”, como se le definió en 2014 durante la gala celebración de sus veinte años de fundación.

Caballero

Frente a su entrada, la estatua de bronce del Caballero de París esculpida por el maestro Villa Soberón, parece dar la bienvenida a quienes llegan a este imponente lugar, donde las expresiones más cultas de la música cubana y universal tienen su templo acústico irreprochable, decorado con imágenes de cristo crucificado y Cristóforo cargando al niño Jesús en sus hombros para cruzar las grandes aguas, y los amantes de estas refinadas manifestaciones artísticas, un refugio seguro para alimentar el espíritu.